Marqué tres veces su número y no contestó. Quise darle el beneficio de la duda pero no pude. Acaso se lo merecía? Es cierto que ha intentado restablecer la confianza que existía entre ambos, compensando sus actos con su presencia constante, con abrir su corazón y asegurarse de que yo vea la sinceridad de su arrepentimiento y dolor. Sin embargo, eso de nada ha valido para borrar la herida que, apesar de haber cerrado, ha dejado una huella imborrable.
He tratado de aceptar la realidad, de convencerme de que lo que pasó, pasó y hay que seguir hacia delante (es lo que siempre digo a los demás en situaciones similares pero, qué inútiles resultan esas palabras tan frias).
“Hay que darle oportunidad a la gente”, dijo una amiga. Esas palabras se parecen a algún texto biblico que leí en otros tiempos. Pero, aunque no pretendo pasar por católica o cristiana, reconozco que él también es un ser humano y que, como tal, no es perfecto. Quizás no piense igual a mi, quizás sus valores o moral no sea igual a la mía y talvez no sepa amar de la manera en que yo amo; mas, no por eso es menos humano que yo.
Otra amiga diria, “Pero, y tu dignidad y amor propio”? Lo más seguro es que baje la mirada y calle ante ella. Pero, ¿de qué me sirve el amor propio cuando el corazón no sabe de rencores y extraña su compañia? ¿De qué me sirve la dignidad cuando en las noches el corazón llora y se va tornando pequeño, oprimido por la tristeza y soledad? Claro, la conciencia siempre corre a salvarlo. Lo sacude de su estado depresivo y lo somete a una extensa terapia de feminismo y superación personal. Mi conciencia quiere perdonarlo y dejarlo al olvido mientras que mi corazón quiere hacerese el ciego y creer a Corintios cuando dice que el amor lo puede todo.
No sé a cual de los dos terminaré escuchando. Ojalá hubiera alguna mediación entre ambos, algún camino compartido. Aunque el pasado no tiene remedio, el futuro puede moldearse, acomodarse a nuestras necesidades y pasiones (claro, sólo hasta donde el destino esté de acuerdo). Si tan solo el tomar decisiones fuera más fácil; si tan sólo el forjar caminos fuese asunto de seguir el horizonte y ya. Pero todo camino nuevo es desconocido y asi como podremos encontrarle salida al laberinto, también es posible que nos perdamos en un bosque o terminemos en el desierto.
Quizás pueda perdonarlo y forjar con él un nuevo camino. Quizás pueda perdonarlo y forjar, sin él, un nuevo camino. En fin, nada es garantizado; especialmente en un mundo frívolo, donde la esperanza se torna cada dia más lejana y el amor se va fundiendo con la comodidad.
He tratado de aceptar la realidad, de convencerme de que lo que pasó, pasó y hay que seguir hacia delante (es lo que siempre digo a los demás en situaciones similares pero, qué inútiles resultan esas palabras tan frias).
“Hay que darle oportunidad a la gente”, dijo una amiga. Esas palabras se parecen a algún texto biblico que leí en otros tiempos. Pero, aunque no pretendo pasar por católica o cristiana, reconozco que él también es un ser humano y que, como tal, no es perfecto. Quizás no piense igual a mi, quizás sus valores o moral no sea igual a la mía y talvez no sepa amar de la manera en que yo amo; mas, no por eso es menos humano que yo.
Otra amiga diria, “Pero, y tu dignidad y amor propio”? Lo más seguro es que baje la mirada y calle ante ella. Pero, ¿de qué me sirve el amor propio cuando el corazón no sabe de rencores y extraña su compañia? ¿De qué me sirve la dignidad cuando en las noches el corazón llora y se va tornando pequeño, oprimido por la tristeza y soledad? Claro, la conciencia siempre corre a salvarlo. Lo sacude de su estado depresivo y lo somete a una extensa terapia de feminismo y superación personal. Mi conciencia quiere perdonarlo y dejarlo al olvido mientras que mi corazón quiere hacerese el ciego y creer a Corintios cuando dice que el amor lo puede todo.
No sé a cual de los dos terminaré escuchando. Ojalá hubiera alguna mediación entre ambos, algún camino compartido. Aunque el pasado no tiene remedio, el futuro puede moldearse, acomodarse a nuestras necesidades y pasiones (claro, sólo hasta donde el destino esté de acuerdo). Si tan solo el tomar decisiones fuera más fácil; si tan sólo el forjar caminos fuese asunto de seguir el horizonte y ya. Pero todo camino nuevo es desconocido y asi como podremos encontrarle salida al laberinto, también es posible que nos perdamos en un bosque o terminemos en el desierto.
Quizás pueda perdonarlo y forjar con él un nuevo camino. Quizás pueda perdonarlo y forjar, sin él, un nuevo camino. En fin, nada es garantizado; especialmente en un mundo frívolo, donde la esperanza se torna cada dia más lejana y el amor se va fundiendo con la comodidad.
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