Apagué la tele y el aire acondicionado para poder oir los truenos. Abri las ventanas para escuchar las hojas meciéndose con el viento humedo y el sonido de la llovia al caer sobre ellas. Cerré los ojos para oler la lluvia; su olor me embriagaba y queria salir a mojarme. Las calles estaban silentes, salvo las alarmas de los carros que de vez en cuando se disparaban por la fuerza de los relámpagos. Rara vez puedo apreciar en silencio el sonido de la lluvia. En esta cuidad siempre hay algo que interrumpe y no me permite conectarme con lo naturaleza. Pero hoy, domingo, en la soledad de mi apartamento, me senti viva; feliz de poder apreciar la lluvia através de cada uno de mis sentidos. Desde mi ventana, mirando el gris de los techos, el rojo de los ladrillos y el verde de los árboles, no pude evitar una sonrisa al pensar en lo dulce que puede ser la soledad y el silencio durante un domingo de lluvia. (Foto tomada desde mi ventana)
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