Lo creí perdido,
dormido en la profundidad del mar,
en el infinito azul del olvido.
Dejó mi nombre disuelto en la sal
y de mi cuerpo
no salvó un solo fragmento.
Lo creí enterrado
bajo las hojas de antiguos otoños.
Uno tras otro llegaron,
le dieron paso al invierno
y su cuerpo,
fundido con la tierra,
no volvió a ver la luz.
Lo creí escondido
entre nubes y estrellas.
Dejó mi quimera
tendida en la distancia,
mi voz perdida en la infinidad.
Separó su cuerpo del mío
y no fui mas que una estela,
un corpúsculo mas
en la infinidad de la noche.
Luego el viento me trajo su voz;
y con el,
el recuerdo perdido en el infinito,
enterrado bajo los escombros
y vestigios del otoño.
Aquel que dormía en los corales
embarcó en mi playa
y su regreso amenaza el curso de mi vida.
Intenta borrar cada paso
trazado en su ausencia
y reconstruir las grietas de mi alma.
Pretende despertar la piel dormida,
los sueños nebulosos...
Al menos eso creía.
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