Hace doce años regresaba a Santiago desde Nueva York con mi padre. Iba sentada a su lado, en espera del almuerzo que estaban sirviendo a los pasajeros delante de nosotros. No tuve la oportunidad de probar bocado. El avión comenzó a temblar y el piloto ordenó que todos tomaran asiento. Desde la ventana no se veia nada; el cielo habia oscurecido y el avión comenzó a desplomarse. Mantuve la calma mientras la señora a mi lado rezaba el Padre Nuestro. Mi padre sufrió una crisis nerviosa y gritaba el nombre de mi hermano menor. No logré decir nada. Mantuve la vista fija en el asiento frente a mi y tranquilamente acepté que ese era el final.
No le tuve miedo a la muerte y supongo que se debió en parte al hecho de que en ese entonces estaba muy segura de mi fé en Dios y de la vida que me esperaba en caso de morir. Lo único que talvez me preocupaba era los primeros instantes bajo el agua, la desesperación de no poder respirar. Sólo unos segundos y luego todo habria terminado.
Hoy me preguntaba qué pasaria por mi mente si me viese nuevamente en esa situación. ¿Acudiria a la religión? Seria un poco hipócrita si lo hiciera. ¿Mantendria la calma? Es posible. Pero, ¿cómo mantener la calma cuando no se sabe qué esperar de la nada, del aparente vacio que guarda de nuestros cuerpos? ¿Acaso es cierto que no somos mas que polvo, ánimas vestidas temporalmente de carne para luego quedar desnuda y volver... hacia dónde? ¿En qué creer cuando falla la fé y todo es brumoso?
Me gustaria creer que me convertiria en estrella; que pertenezco al universo y que, al igual que cada estrella, estoy de paso en la tierra. De paso para saborear la piel, la salubridad de las lágrimas y la sensualidad del chocolate. Quiero creer que naci para amar y ser amada; para sentir la lluvia y ver el crepúsculo; para sentir el calor de un abrazo y escuchar la melodia de una guitarra. Luego podria morir sin questionar; volver a lo etéreo y ser el sueño de unos ojos tristes que miran desde lejos y anhelan mi fulgor.
No le tuve miedo a la muerte y supongo que se debió en parte al hecho de que en ese entonces estaba muy segura de mi fé en Dios y de la vida que me esperaba en caso de morir. Lo único que talvez me preocupaba era los primeros instantes bajo el agua, la desesperación de no poder respirar. Sólo unos segundos y luego todo habria terminado.
Hoy me preguntaba qué pasaria por mi mente si me viese nuevamente en esa situación. ¿Acudiria a la religión? Seria un poco hipócrita si lo hiciera. ¿Mantendria la calma? Es posible. Pero, ¿cómo mantener la calma cuando no se sabe qué esperar de la nada, del aparente vacio que guarda de nuestros cuerpos? ¿Acaso es cierto que no somos mas que polvo, ánimas vestidas temporalmente de carne para luego quedar desnuda y volver... hacia dónde? ¿En qué creer cuando falla la fé y todo es brumoso?
Me gustaria creer que me convertiria en estrella; que pertenezco al universo y que, al igual que cada estrella, estoy de paso en la tierra. De paso para saborear la piel, la salubridad de las lágrimas y la sensualidad del chocolate. Quiero creer que naci para amar y ser amada; para sentir la lluvia y ver el crepúsculo; para sentir el calor de un abrazo y escuchar la melodia de una guitarra. Luego podria morir sin questionar; volver a lo etéreo y ser el sueño de unos ojos tristes que miran desde lejos y anhelan mi fulgor.
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