
Hoy, Domingo, me tocó trabajar. Estaba cansada sin embargo, al salir de la oficina no pude evitar sonreír, sentir un repentino deseo de caminar y disfrutar del clima. Hoy estuvo simplemente perfecto. Con el pelo suelto, zapatillas y un vestido coqueto, me sentía lista para tomar la cuidad y llenarme de ella. Después de una larga semana de trabajo y problemas, nada mejor que caminar en el bajo Manhattan, ver las locuras de su gente, absorber su exentricidad y su diversidad. En un dia como hoy, sus calles y gentes son suficientes para recordar lo afortunada que soy de habitar en ella. Me sentí nueva, con ganas de tocar nuevas puertas, de dejar a un lado aquello que me consumía y ser libre. Hoy es el inicio del resto de mi vida.
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