
Cuando he de morir, quiero que sea cerca de la playa; que el olor del mar me acompañe y que sus olas sean lo último que vean mis ojos.
Acabo de ver “Mar Adentro”, una excelente pelicula, muy emotiva y humana. Esta pelicula es una ventana hacia el interior de un hombre que sólo pedia su derecho a morir puesto que para él, la vida no tenia sentido si el vivirla era estar postrado en una cama, dependiendo completamente de los demás. Aunque nunca he estado en la posición de Ramón Sampedro (protagonista), si he pensado en la muerte, lo único seguro que aguarda mi destino. Mi deseo de morir junto al mar no viene de esta pelicula sino desde mucho antes. Viene del amor que le tengo a la playa, al olor de la arena y de la sal, a los caracoles, al horizonte que une a las olas con el poniente. Por esto me identifico con Ramón, con Neruda, quien desde su cama veia el oceáno, con Serrat cuando dice, “Y a mi enterradme sin duelo entre la playa y el cielo”.
Pero, ¿qué relación hay entre la muerte y el mar que tantos nos empeñamos en unirlas? Sucede que la muerte es como el mar; sabemos que esta ahi, la miramos desde la superficie pero en verdad no conocemos su profundidad. El mar, por mas imágenes que veamos de él, por más historias que escuchemos o leamos, siempre seguirá siendo un misterio, algo que nos atrae pero que no atrevemos a descubrir porque sabemos de los peligros que encierra (incluyendo la propia muerte). La muerte a su vez puede ser tan silenciosa como la profundidad del mar pero igual puede ser tormentosa y escandalosa como sus olas cuando están embravecidas. Pero nada de esto explica la relación entre la muerte y la mar. Lo que distingue al mar y la muerte, lo que ambas tienen en común y lo que nosotros buscamos en ambas es tan solo PAZ. El mar,con todos sus misterios y tormentas, es ideal para tranquilizar el alma; basta con caminar a solas en la playa, cerrar los ojos y llenarse del mar para sentir un éxtasis que sólo su sonido y olor puede producir. La muerte, igual promete sosiego.
La muerte siempre será para mi un final, un adiós a la vida y nada más. Por esta razón considero que la muerte es también un motor que impulsa la vida misma; el saber que tenemos una vida, una sola oportunidad, es motivo para vivirla a plenitud.
Pero bien, volviendo a Ramón Sampedro, me pregunto, ¿qué derecho tiene el hombre sobre la vida de otro? De estar en la situación de Ramón yo querria lo mismo que él. No considero egoista ir en contra de la opinión o sentir de quienes tratarian de convencerme de lo contrario, mas bien creo que los egoistas serian ellos. Jamás querria ver sufrir a mi familia pero tampoco querria vivir una vida en total dependencia de los demás, una vida no digna como lo consideraba Ramón. Por tal motivo admiro a quienes se aferran a la vida y luchan por salir de un estado fisico o mental que los impida vivir con dignidad, que lo prohiban de disfrutar las pequeñas cosas que nosotros, los que nos encontramos en perfecto estado de saludo, muchas veces no apreciamos. Asi como apoyo la libertad de cada quien para hacer con su vida lo que guste (siempre y cuando no dañe a los demás), también apoyo la libertad de elegir a la muerte como fuente de paz y sosiego.
Acabo de ver “Mar Adentro”, una excelente pelicula, muy emotiva y humana. Esta pelicula es una ventana hacia el interior de un hombre que sólo pedia su derecho a morir puesto que para él, la vida no tenia sentido si el vivirla era estar postrado en una cama, dependiendo completamente de los demás. Aunque nunca he estado en la posición de Ramón Sampedro (protagonista), si he pensado en la muerte, lo único seguro que aguarda mi destino. Mi deseo de morir junto al mar no viene de esta pelicula sino desde mucho antes. Viene del amor que le tengo a la playa, al olor de la arena y de la sal, a los caracoles, al horizonte que une a las olas con el poniente. Por esto me identifico con Ramón, con Neruda, quien desde su cama veia el oceáno, con Serrat cuando dice, “Y a mi enterradme sin duelo entre la playa y el cielo”.
Pero, ¿qué relación hay entre la muerte y el mar que tantos nos empeñamos en unirlas? Sucede que la muerte es como el mar; sabemos que esta ahi, la miramos desde la superficie pero en verdad no conocemos su profundidad. El mar, por mas imágenes que veamos de él, por más historias que escuchemos o leamos, siempre seguirá siendo un misterio, algo que nos atrae pero que no atrevemos a descubrir porque sabemos de los peligros que encierra (incluyendo la propia muerte). La muerte a su vez puede ser tan silenciosa como la profundidad del mar pero igual puede ser tormentosa y escandalosa como sus olas cuando están embravecidas. Pero nada de esto explica la relación entre la muerte y la mar. Lo que distingue al mar y la muerte, lo que ambas tienen en común y lo que nosotros buscamos en ambas es tan solo PAZ. El mar,con todos sus misterios y tormentas, es ideal para tranquilizar el alma; basta con caminar a solas en la playa, cerrar los ojos y llenarse del mar para sentir un éxtasis que sólo su sonido y olor puede producir. La muerte, igual promete sosiego.
La muerte siempre será para mi un final, un adiós a la vida y nada más. Por esta razón considero que la muerte es también un motor que impulsa la vida misma; el saber que tenemos una vida, una sola oportunidad, es motivo para vivirla a plenitud.
Pero bien, volviendo a Ramón Sampedro, me pregunto, ¿qué derecho tiene el hombre sobre la vida de otro? De estar en la situación de Ramón yo querria lo mismo que él. No considero egoista ir en contra de la opinión o sentir de quienes tratarian de convencerme de lo contrario, mas bien creo que los egoistas serian ellos. Jamás querria ver sufrir a mi familia pero tampoco querria vivir una vida en total dependencia de los demás, una vida no digna como lo consideraba Ramón. Por tal motivo admiro a quienes se aferran a la vida y luchan por salir de un estado fisico o mental que los impida vivir con dignidad, que lo prohiban de disfrutar las pequeñas cosas que nosotros, los que nos encontramos en perfecto estado de saludo, muchas veces no apreciamos. Asi como apoyo la libertad de cada quien para hacer con su vida lo que guste (siempre y cuando no dañe a los demás), también apoyo la libertad de elegir a la muerte como fuente de paz y sosiego.
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