Son casi las diez. Esta noche he llegado a casa con una pequeña pena en el corazón. No sabria describirlo; no es tristeza tampoco nostalgia; no tengo deseos de llorar como tampoco de llamar a nadie. Esta semana he estado de muy buen humor. Mi amigo César fue a visitarme a la oficina ayer y anoche hablé con Ramsés (gran amigo del colegio) a quien no he visto en casi dos años. Ha sido una semana de reencuentros y emails cariñosos de amigos que quiero mucho y otros que aunque no conozco, sus palabras me han traido mucha alegria. En estos dias me he reido tanto que en verdad no habia tenido tiempo de pensar en otra cosa salvo el trabajo y mis clases. Sin embargo, esta noche todo ha cambiado. Sucede que me siguen persiguiendo los "demonios y fantasmas" (como los llamó una amiga en un post anterior). Reaparecen cuando creo haberlos olvidado; sólo para atormentarme con el pasado y anunciarme, a modo de burla, las cosas que sucedieron frente a mi mientras llevaba los ojos vendados. Pero ya no logro sentir rabia; ya no me molestan sus desafios ni sus risas. Aveces creo que el corazón ha levantado un muro contra ellos y a menos que se les ocurra construir algo parecido al caballo de Troya, las carcajadas de esos demonios y fantasmas dificilmente entrarán en él. Aun asi, no comprendo esta extraña sensación que llevo dentro; es como sentir algo y al mismo tiempo no sentir nada. Que extraño, no?
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