Estoy en la oficina y en el fondo, desde mi computador, de repente suena la canción de Silvio "Oleo de mujer con sombrero". Me detengo un instante y mi mirada se pierde. Me ha azotado la nostalgia y no puedo evitar una sonrisa. Esta canción siempre me acuerda a Junior Cruz, un amigo a quien estimo mucho y quien me introdujo a Silvio.
Me encantaba cuando Junior llevaba su guitarra a nuestras reuniones en Santiago; siempre le pedía que cantara dicha canción. Cuánto extraño esos sábados en que nos reuníamos ya fuese bajo un árbol, en un aula de clases, en la casa de un amigo para hablar de literatura, de la vida, compartir las penas y alegrías. Es de las cosas que más me hacía falta cuando vine a vivir a NY. Esos amigos nunca sabrán las alegrías que trajeron a mi vida así como lo mucho que aprendí de sus ideas, experiencias y críticas (a mis escritos). Ellos me ayudaron a madurar, crecer, a ser más abierta y tener confianza en mí misma y mis trabajos. Qué lindo es poder mirar el pasado y estar agradecido por las cosas que uno vive y las personas que forman parte de él.
PD: Por cierto, en cuanto a la canción de Silvio, me encanta el siguiente verso:
La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.
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