Buscaré la sonrisa de un extraño
y le hablaré del clima,
del vaho y la humedad que azota las calles,
comprime el aire y hace insoportable el roce humano.
Inventaré recorridos por la Quinta Avenida
con la excusa de visitar a Degas y Renoir,
de merodear por los rincones de Central Park.
Hurgaré entre risas una que quiera fundirse con mis labios,
una mirada que coincida con la mía.
Me perderé entre los turistas de Times Square;
miraré con asombro los gigantes de acero y concreto,
descuidaré las horas y caminaré entre la multitud.
Me sentaré en un café
a terminar el libro que tantas veces comenzé;
aprenderé a tocar mi guitarra,
o me vestiré de poeta
y escribiré versos de sangre y sal.
Iré donde no me encuentre
la prisa y el ruido,
donde el olvido me confunda con otra
y decida sentarse a mi lado,
tomar conmigo una copa de vino
y burlarse de quienes inventan historias y quehaceres
a fin de ignorar su propio infierno.
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