Tenue luz
corriendo entre túneles oscuros,
ruido estrepitoso sobre rieles,
voz irritante en el micrófono
y otra que grita en una radio.
Los ojos cansados,
hastiados de mirar la mugre del suelo
a fin de no encontrarse
con una mirada curiosa, quizás apenada;
huir para no verse reflejada en otra.
La 50, la 53…
cómo distinguir entre una y otra
cuando poseen la misma lobreguez,
el mismo frío en sus paredes,
la monotonía en sus afiches.
Hábitat de ratas y humedad,
de prisa y desamparo,
de óxido y aire estancado,
de olor a alcohol,
perfume rancio y papas fritas.
Libertad y encierro,
de largas horas de silencio
entre vagones congestionados,
transitar entre la muchedumbre,
a ser uno más entre tantos...
Es allí donde pesa más la soledad.
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