La cotidianidad la arropa, la envuelve, la seduce con su abrazo dejándola ansiosa de unas sábanas, de un hueco en el cual perderse, de un disfraz que oculte su invisible llanto.
La locura asecha desde la sombra y ríe, amenaza con poseerla mientras a ella se le agotan las fuerzas y le hastía la inercia, la tortura de existir, ese morir cada día, el deambular con la sangre fría, amanecer todos los días junto al reloj, aquel que dicta cada movimiento y proceder, así como también lo aniquila.
La locura asecha desde la sombra y ríe, amenaza con poseerla mientras a ella se le agotan las fuerzas y le hastía la inercia, la tortura de existir, ese morir cada día, el deambular con la sangre fría, amanecer todos los días junto al reloj, aquel que dicta cada movimiento y proceder, así como también lo aniquila.
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